Patrimonio Literario Colombiano

Las normas legales establecen un periodo de protección de los derechos de autor de 80 años (Ley 23 de 1982, art. 21), por lo cual el Patrimonio Literario Colombiano está conformado por las obras de escritores fallecidos antes de 1939.  Las obras posteriores poseen derechos patrimoniales de autor y están restringidas a sus autores y derechohabientes

Un análisis de este patrimonio público revela algunos aspectos importantes, comunes a los diferentes géneros literarios.

El período de nuestra historia literaria cubre casi cuatro siglos, desde las primeras obras escritas en nuestro territorio que se conservan, atribuidas al explorador y conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada : Indicaciones para el buen gobierno (1549); Memoria de los descubridores, que entraron conmigo a descubrir y conquistar el Reino de Granada (1556), y El Antijovio – Apuntamientos y anotaciones sobre la historia de Paulo Jovio (1567).

En este período, es realmente baja la participación femenina en las letras nacionales, producto de la sociedad patriarcal y la limitación (incluso legal) de los derechos de la mujer, que condujo a su histórica discriminación y marginación de los diferentes escenarios de la vida nacional, lo que, que entre otros aspectos, se  ha reflejado en la su limitado acceso a la educación y consecuentemente a la creación literaria nacional: incluso, hoy persiste el desconocimiento del trabajo literario de la mujer. En la práctica, solo son conocidas tres grandes autoras: La escritora religiosa Francisca Josefa del Castillo (Tunja, 1671 – 1742), y las bogotanas Josefa Acevedo de Gómez (1803 – 1861) hija del tribuno del pueblo José Acevedo y Gómez, quien firmo el Acta de Independencia el 20 de julio de 1810, y  Soledad Acosta de Samper (1833 – 1913) Hija del General Joaquín Acosta, protagonista de la independencia nacional. Precisamente, Soledad Acosta, en su obra La mujer en la sociedad moderna, realiza un recuento de las escritoras colombianas más relevantes de su siglo, entre quienes se encuentran: las poetisas Silveria Espinosa de Rendón (1815-1886),  Agripina Samper de Ancízar (1833- 1892) y Bertilda Samper Acosta (1856-1910), Agripina Montes del Valle (1844-1915), la novelista huilense Waldina Dávila de Ponce de León (1831-1900), la historiadora y novelista Herminia Gómez Jaime de Abadía (1861-1926) y Eva Ceferina Vergel y Marea (1856-1900). Todas ellas, deliberadamente desconocidas y sus obras condenadas al olvido. Sin duda, frente a la mujer y las comunidades indígenas, el país tiene una histórica deuda de desconocimiento sistemático de su creación literaria que persiste aun en nuestros días.

Hay un marcado predominio de las corrientes costumbrista e histórica, con una marginal participación del modernismo (José Asunción Silva, Guillermo Valencia y José María Varga Vila) y casi nula de las demás corrientes literarias.

Durante el Siglo XIX, existió una alta correlación entre la política y la literatura : los protagonistas de la gesta libertadora y de la conducción del nuevo Estado fueron grandes escritores, varios de ellos incluso ejercieron la Presidencia (José Fernández Madrid, Camilo Torres, Antonio Nariño, Juan José Nieto Gil, Santiago Pérez, Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro y José Manual Marroquín ). Este rol de los estadistas en la creación literaria fue disminuyendo hasta desaparecer en el Siglo XX.

LA NOVELA

La novela en Colombia inicia  en la época colonial con la obra pionera El Desierto Prodigioso o prodigios del desierto, del escritor santafereño Pedro de Solís y Valenzuela (1624-1711). Escrita hacia 1650, su existencia solo vino a ser reportada en España en 1963, por lo que su difusión en el país solo se inició hacia finales del Siglo XX. Es una novela de corte barroco con un fuerte componente místico-religioso, en cuya estructura presenta una compleja mezcla de prosa y verso, con materiales breves, epistolares, biográficos e incluso anécdotas y meditaciones. Por la fecha de elaboración, su complejidad y la riqueza de su narración, es considerada la primera novela escrita en Hispanoamérica. La Obra completa (Manuscrito)  en formato PDF se puede consultar en el portal web del Instituto Caro y Cuervo, y en 2015 fue publicada en formato digital por la Biblioteca Nacional de Colombia.

Fue hasta mediados del Siglo XIX que la novela se desarrolla plenamente en nuestro país, principalmente en los géneros histórico y costumbrista, con algunos avances en la novela social y psicológica, y el inicio del modernismo hacia finales del siglo.

A la novela histórica corresponde el honor de haber iniciado este género en nuestro país, con importantes representantes como el expresidente Juan José Nieto Gil, Felipe Pérez y Soledad Acosta de Samper.

Si bien existen algunas obras previas de narrativa (María Dolores o la historia de mi casamiento de José Joaquín Ortiz), se reconoce al militar, político,  estadista y escritor cartagenero Juan José Nieto Gil, como el iniciador del género novelesco nacional, con sus tres novelas de corte histórico Yngermina o la Hija de Calamar (1844) y Los Moriscos (1845), escritas durante su exilio en Jamaica y Rosina o la prisión del Castillo de Changres (1850) inspirada en su reclusión en Panamá. Su autor fue un protagonista de la vida política nacional; ejerció en varios períodos la Gobernación de Cartagena, y fue el primer (y único) afrodescendiente en ejercer la  presidencia de la República (Confederación Granadina, 1861). Sus obras, además del valor literario, tienen un carácter histórico, gracias a las calidades intelectuales y políticas de Nieto Gil, quien antes de estas tres novelas había publicado el folleto Derechos y deberes del hombre en sociedad (1834), Geografía histórica, estadística y local de la provincia de Cartagena (1839) y el Diccionario mercantil (1841).

Otro escritor importante del género histórico es Felipe Pérez (1836 – 1891). Político, escritor, periodista y geógrafo boyacense, miembro de una brillante familia compuesta por literatos, estadistas y científicos (su hermano Santiago, fue presidente de la República durante el período 1874 – 1876). En 1862 publica su Historia de la revolución de 1860, sobre la guerra civil que llevaría a los liberales al Olimpo Radical, y gracias a su experiencia diplomática escribe los ensayos Análisis político, social y económico de la República del Ecuador y Bosquejo de las revoluciones peruanas, así como las novelas históricas inspiradas en personajes de la historia peruana Atahualpa, Los Pizarros, Huayna Capac, Jilma, Tupac Amaru, y los dramas Gonzalo Pizarro y Las tres reinas puesto en escena en Bogotá en 1858. También es de esta época la novela Los pecados sociales sobre las costumbres limeñas. Entre sus novelas no históricas se destacan Estela, Irma, Sara, La muerte del gato, Los dos Juanes, Samuel Selibht, El bosquecillo de álamos, El profesor de Gotinga, Isabel y Carlota y El Caballero de Rauzán, popularizada en dos versiones para televisión (1978 y 2000).

Capítulo especial en la literatura colombiana merece Doña Soledad Acosta de Samper (Bogotá, 1833 —1913). Hija del General Joaquín Acosta y casada con el periodista, escritor y político José María Samper, fue una de las intelectuales y escritoras más prolíficas del siglo XIX en Colombia. En sus labores como novelista, cuentista, periodista, historiadora y editora, escribió 21 novelas, 48 cuentos, 4 obras de teatro, 43 estudios sociales y literarios, y 21 tratados de historia; fundó y dirigió cinco periódicos, además hizo numerosas traducciones. También fue una impulsora del papel de la mujer en la naciente república: 24 de sus estudios sociales están dedicados al tema de las mujeres y su papel en la sociedad. En 1870 publicó su primera novela histórica, José Antonio Galán. Episodios de la guerra de los comuneros, a la cual siguieron Los piratas en Cartagena: crónicas histórico novelescas (1886); Aventuras de un español entre los indios de las Antillas (1905); Españoles en América. Episodios histórico-novelescos, y Un hidalgo conquistador (1907). Con carácter social e incluso psicológico, escribió Novelas y cuadros de la vida suramericana (1869), en donde sobresalen las  novelas Dolores (Cuadros de la vida de una mujer); Teresa la Limeña (Páginas de la vida de una peruana); El corazón de la mujer; Ilusión y realidad y Luz y sombra, y Una Holandesa en América (1888).

La otra gran vertiente literaria colombiana fue el costumbrismo, con la mayor cantidad de autores y obras narrativas. En la Introducción a la novela de costumbres “Las tres semanas” de José David Guarín,  nos dice  el estudioso de la literatura colombiana Antonio Curcio Altamar “Proliferó en Colombia el costumbrismo, con mayor profusión que en los demás países de Hispanoamérica, con ser que en todos ellos los «artículos» y «cuadros de costumbres» ejercieron un absorbente y obsesivo predominio.. «Un ramo que ha gozado de la particular predilección de los colombianos, y quizás el más cultivado después de la poesía lírica, es el de cuadros de costumbres, género que ha servido como de escuela preparatoria en donde todos hemos aprendido a tener gusto por las producciones de los talentos colombianos. Ahí están, como pensador de alta escuela, de donairoso y expresivo decir, Juan de Dios Restrepo; como ameno, culto y espiritual narrador, José Caicedo Rojas; como observador sagaz y ocurrente, Medardo Rivas; como inmortalizador de recuerdos de antaño, Rafael Eliseo Santander; como epigramático, José David Guarín; como original y delicado en sus pinturas, Ricardo Silva; como lleno de sal ática, José Manuel Marroquín; como sentimental, gracioso y de retozón ingenio y exquisita variedad, José María Vergara y Vergara.» “A la inversa de lo ocurrido en México, por ejemplo, en donde la crítica fue mordaz, tumultuosa y destructiva, en Colombia, debido quizás al temperamento más conservador de los costumbristas, esta subforma tuvo un carácter burgués de mansedumbre descriptiva y apacible. En Colombia el género costumbrista se enderezó comúnmente a un fin didáctico y moralizante”.

Don José Eugenio Díaz Castro (Soacha, 1803 – Bogotá, 1875), escritor autodidacta de origen campesino,  fue uno de los pioneros de la narrativa costumbrista en el país, con su novela Manuela (1856), considerada en su época la novela nacional, y de varios artículos, cuadros y novelas costumbristas como El rejo de enlazar;  Bruna la carbonera; Una ronda de Don Ventura Ahumada; María Ticince o Los pescadores del Funza; Los aguinaldos en Chapinero; El Caney del Totumo y Pioquinta o El valle de Trenza (novela que dejó inconclusa).

Doña Josefa Acevedo de Gómez (1803-1861), hija de José Acevedo y Gómez, el prócer de la Independencia conocido como el «Tribuno del pueblo», tiene el mérito de ser la primera escritora civil en nuestro país, iniciando el camino del pensamiento y la escritura de las mujeres colombianas, y en su temática trabajó el papel de la mujer en la sociedad. Como escritora de costumbres; sus obras tienen fuerte inclinación hacia un sentido moral. Publicó varias biografías, las “Poesías de una granadina” (1854), el  “Tratado sobre economía doméstica para el uso de las madres de familia y las amas de casa” (1848), y. “Cuadros de la vida privada de algunos granadinos, copiados al natural para instruccion i divertimento de los curiosos” (1861), obra póstuma que contiene varias novelas cortas: El triunfo de la generosidad sobre el fanatismo político, El soldado, Valerio o el calavera, Angelina, La caridad cristiana, El pobre Braulio, La vida de un nombre y Mis recuerdos de Tibacuy.

Las Novelas clásicas colombianas

En la segunda mitad del Siglo XIX se escribieron la mayoría de las novelas emblemáticas de nuestro patrimonio literario

María (1867), de Jorge Isaacs (Cali, 1837 – Ibagué, 1895), es quizá la novela más icónica de nuestra literatura. Se clasifica en el romantisimo por el relato en primera persona del protagonista, del  amor idílico, casto e imposible de efrain y maría, signados por el dolor, la separación y la muerte, cuyos principales hechos se desenvuelven en un marco natural, que acompaña con sus mutaciones los vaivenes del idilio. Por su descripción de la naturaleza y las costumbres de la región vallecaucana, algunos la clasifican dentro del costumbrismo, mientras otros estudiosos le otorgan un carácter histórico al reflejar las relaciones sociales regionales de la naciente república.

El alférez real (1886) del escritor y político vallecaucano José Eustaquio Palacios (Roldanillo, 1830 – Cali, 1898), de carácter romántico y costumbrista, pero también considerada como una de las obras cumbres de la novela histórica granadina: su desarrollo se sitúa entre 1789 y 1792, durante el virreinato de José Manuel de Ezpeleta, describiendo vivamente acontecimientos y costumbres de la Cali de entonces. La novela detalla la vida dentro del convento de San Francisco, las diferentes celebraciones entorno a la coronación de Carlos IV de España, y ante todo a las costumbres y vida alrededor de la Hacienda Cañasgordas, propiedad del Alférez Real, Manuel de Cayzedo y Tenorio, como la ganadería, el negocio del azúcar y la vida y trata de esclavos. Palacios utilizó diversos archivos históricos de la ciudad, entre ellos las actas del Cabildo, de la Parroquia y la Notaría, con los cuales se ayudó para retratar la vida social de Santiago de Cali durante los últimos años de la colonia y los primeros años de la Independencia de Colombia; lo que le otorgó a la novela su valor histórico.

Tránsito (1886) del abogado, periodista y escritor costumbrista Luis Segundo de Silvestre (1838 – 1887), novela con elementos culturales descriptivos de la región del Tolima Grande,  gira en torno al dilema de los amores juveniles imposibles, que “es interesante porque muestra el sistema rígido de clases que se vivía en el país por aquel entonces, acomodado a los intereses del poder patriarcal. Se trata de una vieja herencia española que se remonta a la Edad Media, según la cual un joven no puede aspirar a unirse legalmente con una muchacha inferior. Si puede hacerlo de manera irregular, pero a condición de que «no se sepa”

La Vorágine (1924) obra cumbre  del abogado, diplomático  y escritor huilense José Eustasio Rivera (1888 –1928), de corte naturalista, es una de las más importantes de la literatura colombiana e hispanoamericana, hasta el punto de ser considerada por muchos como la gran novela de la selva latinoamericana. Su eje central no es el amor de los protagonistas, Arturo Cova y Alicia, sino el proceso de colonización de los llanos orientales y la penosa esclavitud a la que sometía la casa peruana Arana a los trabajadores del amazonas que extraían el caucho. La selva, sus ritos ancestrales y sus alucinaciones, y la lucha incansable por sobrevivir en ella son los protagonistas de esta novela que narra además la tragedia social que padecía Colombia. Se considera una novela moderna que quiebra el romanticismo y el costumbrismo que hasta ese momento habían dominado la novela nacional, un libro descarnado sobre la verdadera selva, la vida de un hombre que deja todo en los azares del destino, lo que se expresa desde el mismo comienzo de la novela “…jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia…”, y su final ; «Ni rastros de ellos.»¡Los devoró la selva

De este período también podemos citas las novelas El doctor Temis (1851), del abogado José María Angel Gaitán (1819-1851), primera novela extensa, de corte urbano/policial; Peregrinación de Alpha: por las provincias del norte de la Nueva Granada en 1850/ 51 (1853) de Manuel Ancízar (1812-1882); Escenas del hogar (1892), novela costumbrista de Enrique Alvares Bonilla (1848-1913); Diana cazadora (1917), de  del cronista y poeta Clímaco Soto Borda (Bogotá, 1870-1919), que  describe la vida bogotana de principios del siglo XX; Inés: Novela basada en acontecimientos de la revolución civil colombiana de 1899 (1908) de Jesús  Arenas

El modernismo

El modernismo fue un movimiento literario que se desarrolló en Hispanoamérica entre el final del Siglo XIX y el comienzo del Siglo XX, que se caracterizó por una ambigua rebeldía creativa, un refinamiento narcisista y aristocrático, el culturalismo cosmopolita y una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica. En Colombia su máximo representante es José Asunción Silva (Bogotá, 1865 – 1896), considerado el más grande poeta nacional, autor de una única novela De Sobremesa, escrita en 1986 pero publicada tan solo en 1925; su protagonista, José Fernández de Andrade, es un personaje contradictorio y atormentado, desgarrado por sus conflictos internos y en duda a cada instante, expresa un  discurso sobre el arte y el artista finisecular, en línea con los planteamientos de Charles Baudelaire  sobre  la misión de la poesía y del poeta y por el proceso de la búsqueda de la armonía y el ideal.

En la primera mitad del Siglo XX, destaca la figura panfletaria e irreverente de José María Vargas Vila (Bogotá, 1860 – Barcelona, 1933), de formación autodidacta, fue uno de los intelectuales, periodistas y escritores más polémicos y prolíficos del país. Su activa participación en política y sus ideas liberales radicales lo llevaron a enfrentarse con el clero, las ideas conservadoras imperantes en el país (Rafel Núñez) y la política imperialista de Estados Unidos.  Su creación literaria sobrepasa las 100 obras en diferentes géneros, principalmente la novela, muchas de carácter histórico y político. En 1889 publica su primera novela Aura o las violetas, de corte romántico (relato en primera persona de un amor adolescente frustrado), primera novela colombiana en ser llevada al cine, pero su sentimiento ateo lo enfrentó con el clero, y luego de la publicación de su novela Ibis (1900), fue excomulgado por la Santa Sede. La publicación de Ante los bárbaros (los Estados Unidos y la Guerra) el yanki: he ahí el enemigo (1903) lo enfrentó al gobierno de los Estados Unidos, que ordenó su salida de ese país (1904). La muerte del cóndor (1914), obra apologética del militar y expresidente ecuatoriano Eloy Alfaro, a quien  Vargas Vila erige como uno de los grandes hombres latinoamericanos, un ejemplo de líder y de guerrero, a la usanza de José Martí. En BiblioColombia están disponibles además las novelas Flor de fango ( 1895); Las rosas de la tarde (1901); Alba roja, París (1901); Copos de espuma (1902); El camino del triunfo (1909); Ars-verba (1913);Archipiélago sonoro, poemas sinfónicos (1913); Clepsidra roja (1915); María Magdalena; novela lírica (1917); Salomé, novela poema (1920); Cachorro de león – novela de almas rústicas (1920); Belona dea orbi (1921) y  El motín de los retablos.

 BiblioCol ofrece una colección bibliográfica de más de 80 novelas en sus diferentes versiones (novela corta, costumbrista, histórica, social). VER CATALOGO DE NOVELA

Invitamos a nuestros lectores que posean obras literarias colombianas de dominio público, a enviarlas para su publicación y la ampliación del patrimonio literario disponible para todos los colombianos,

También a publicar las obras de su autoría, para ampliar el patrimonio literario colombiano y construir entre todos una nueva era de resplandor de las letras en nuestro país

POESIA

La poesía en sus diferentes modalidades ha tenido un campo fértil de cultivo en nuestro país, que ha sido cuna de poetas de renombre universal. Es en este género en donde mayor diversidad de formas y corrientes literarias encontramos, superando el costumbrismo imperante en la narrativa colombiana.

Poesía Epica – Heroica

Durante la colonia y con motivo de la independencia, varios autores colombianos escribieron poemas bajo el formato épico o heroico, algunos de una larga extensión, siguiendo el modelo europeo, en especial de España (Góngora, Ercilla), el cual fue replicado en Hispanoamérica para exaltar los procesos de  independencia y a los héroes nacionales.

El pionero en este género  es Juan de Castellanos (Sevilla; 1522 – Tunja, 1607), explorador, militar y sacerdote español que vivió más de 40 años en nuestro país. Castellanos escribió en Cartagena  los primeros poemas: Discurso del capitán Francisco Drake y San Diego de Alcalá, en octavas reales. Su obra más conocida, es Elegías de varones ilustres de Indias, iniciada alrededor de 1561 y culminada en 1592; relata el proceso de colonización y fundación de ciudades en el Caribe y los territorios hoy ocupados por Colombia y Venezuela, con vívidas descripciones de las culturas indígenas y la naturaleza americana. El poema tiene 113.609 versos en decasílabos agrupados en octavas reales, el más extenso escrito en español, Se organiza en cuatro partes compuestas de diversas elegías que a su vez contienen diversos cantos.

El Poeta y jesuita neogranadino Hernando Domínguez Camargo: (Santafé de Bogotá, 1604-1659) es autor de “San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús: Poema heroico” (Madrid, 1666), escrito en octavas reales, que consta de 9.600 versos organizados en 24 cantos, que se inscribe en el culteranismo barroco que inició Góngora en España. El poema narra la biografía del santo desde su nacimiento (1491) hasta la muerte de su discípulo Diego de Hoces (1538), dos años antes de que la Compañía obtuviera la aprobación papal (1540). La redacción de la obra quedó truncada por la muerte de su autor, que no pudo abarcar el período final de la vida de San Ignacio (1539-1556). Domínguez escribió otras obras menores de poesía y prosa, publicadas en el Ramillete de varias flores poéticas, de Jacinto de Evia (Guayaquil, 1676). Allí hallamos, entre otras, A la Pasión de Cristo; A un salto por donde se despeña el arroyo de Chillo; A la muerte de Adonis (Romance); Al agasajo con que Cartagena recibe a los que vienen de España y los sonetos A don Martín de Saavedra y Guzmán y A Guatavita, y en prosa, la Invectiva Apologetica.

Otros poetas de la Colonia fueron Pedro Solis y Valenzuela, Francisco Alvarez de Velasco y Zorrilla, y Francisca Josefa del Castillo.

Pedro de Solís y Valenzuela (Bogotá, 1624-1711) autor de la novela El desierto prodigioso y el prodigio de desierto, considerada la obra pionera de este género en Hispanoamérica, también escribió una amplia colección poética, de más de 50 sonetos, y otras obras, como El Sermón de Panegýrlco sagrado, en alabanza del serafín de las soledades, San Bruno, el Epítome breve de la vida y muerte del Ilustrísimo doctor don Bernardino de Almansa, la Fénix cartuxana: Vida del gloriosíssimo Patriarca San Bruno y un Víctor y festivo parabién y aplauso gratvlatorio a la Emperatriz de los Cielos, Reyna de los Ángeles María Santissima Señora Nuestra, en la Victoria de su puríssima Concepción.

Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla (Bogotá, 1647 – Madrid, 1708) cuya  obra fue recogida en el libro Rhytmica Sacra, Moral y Laudatiria, es considerado por algunos como el ‘primer poeta americano’. También se le atribuye ser precursor del neoclasicismo. Se destacan sus sonetos, y las endechas reales dedicadas a sor Juana Inés de la Cruz, de quien era ferviente admirador. Su poema Vuelve a su quinta, ah friso, solo y viudo  relata el triste reencuentro del hombre viudo con su hogar y cómo la ausencia de su amada transforma el ambiente para el que llega y para los que están.

Francisca Josefa del Castillo (Tunja, 1671 – 1742). Escritora religiosa, reconocida como una de las autoras místicas más destacadas de América Latina, escribió Mi Vida, con carácter autobiográfico, los Afectos espirituales, y numerosas composiciones breves en verso y en prosa.

Dentro de la poesía épica de la independencia, encontramos una nutrida obra en honor al libertador Bolívar, en la cual destacan los poemas de José María Samper :Las jornadas del genio; La gran campaña; La palabra sublime; Bolívar proscripto y La visión del dolor.  De este mismo autor es  El sitio de Cartagena, en prosa y en verso. Henrique Alvarez Bonilla (Moniquirá, 1848 – Bogotá, 1913 escribió el Poema Heroico Santafé  redimida, una extensa alegoría de la lucha libertadora en doce cantos y más de 500 versos. El periodista y escritor costumbrista Juan Francisco Ortiz (1808 – 1875) escribió la obra  Córdova – Escena Trágica  en forma de poema heroico dramatizado sobre la muerte del prócer de la independencia de Colombia y Perú José María Cordova, uno de los próceres que se levantó contra Bolívar cuando este asumió poderes dictatoriales.

José María Salazar  (Río Negro Antioquia 1784 – París 1828) de Profesión abogado, se dedicó a la política y trabajó en la causa Bolivariana. En 1827  fue  nombrado Ministro plenipotenciario en Washington. Compuso dos obras de teatro que fueron puestas en escena en Bogotá: El Soliloquio de Eneas y El Sacrificio de Ido-meneo, y el primer himno de Colombia (1814). Cultivó la lírica épica, con extensos poemas heroicos dedicados a la conquista y gesta libertadora. Su obra poética, recogida por sus herederos y publicada en Caracas 1852 incluye La Colombianada o Colón,  un extenso poema en siete cantos y 455 versos, El Amor a la Patria, en dos cantos; La Campaña de Bogotá, Poema Heroico sobre la última fase de la independencia; Poesías líricas – Poesías Patrióticas, La Vuelta del Jeneral Bolívar (Canción): La Entrada en Guayana (Canción); Canción de los Libertadores: Canción Nacional (Himno); A las Víctimas de Cundinamarca (Himno); A las Víctimas de Cundinamarca (Elejía); Los Sonetos : Descripción del amor; Días de una dama: la muerte del Marqués de Miraflores; El amor: A la Tristeza; A Margarita; A la muerte del coronel Manuel Vázquez; La paz; La Victoria de San Martín (Octavas); La muerte de Lord Byron (Elejía); Al Señor Vicente Roca-Fuerte, Muerte de Miralla /Elejía) y varias traducciones poéticas.

En la fase republicana, una clasificación de los poetas colombianos distingue 3 grandes grupos :

Neoclásicos: José Fernández Madrid: (Cartagena, 1789-1830) “Poesías”; José María Grueso: (Popayán, 1789-1835) “Sombras amables del jazmín silvestre”: Luis Vargas Tejada: (Bogotá, 1802-1829) “Al anochecer”; José Joaquín Ortiz: (Tunja, 1814-1892) “Horas de descanso”.

Románticos: José Eusebio Caro (Ocaña, 1817-1853) “Poesías”; Rafael Pombo: (Bogotá, 1833-1912) “Traducciones poéticas”; Gregorio Gutiérrez González: (Antioquia, 1826-1872) “Memoria sobre el cultivo del maíz”; Julio Flórez (Chiquinquirá, 1867 – Usiacurí, 1923) Ego Sum, Mujer, Gotas de Ajenjo, Madre, Rosal Divino y Orbe

Modernistas; José Asunción Silva: (Bogotá, 1865–1896) “Nocturnos”; Guillermo Valencia: (Popayán, 1873-1943) “Ritos” José María Vargas Vila (Bogotá, 1860-1913) Pasionarias ; álbum para mi madre muerta.

José Fernández Madrid (Cartagena de Indias, 1789 – Londres, 1830) escribió obras narrativas, dramáticas y en verso, dentro de las que se destacan Poesías, Rosas, Elegías nacionales peruanas; A la restauración de la Constitución Española; A los Libertadores, A la muerte del coronel Atanasio Girardot, Canción nacional, Himno a Bolívar y Mi bandera. Inicialmente, en BiblioColombia publicamos las poesías: Napoleón en Santa Helena – Soneto;   A los pueblos de Europa;   La bañadera y  La hamaca

Luis Vargas Tejada (Bogotá, 1802 – 1829). Dentro de su actividad litería, fue un destacado poeta. Su obra fue publicada en forma póstuma por José Joaquín  Ortiz (1861), que incluye las colecciones Patria (Recuerdos de Boyacá; A Méjico; A la Libertad y Caton en Utica); Amor i amistad (Al anochecer; En la muerte de J. A. Miralla; No mas amor y Elisa) El proscrito (A mi lira; A la virtud; Fragmento; Mi asilo; Recuerdos; Resignación; Mis compañeros; Esperanza frustrada; A los poetas castellanos y A mis amigos), y varias Traducciones (La vida; La resignación; El Mesías y Los placeres de la esperanza).

José Joaquín Ortíz (Tunja, 1814 – Bogotá, 1892), ha sido llamado «El Cantor de las glorias patrias» por sus bellas poesías patrióticas que destacan la heroicidad en la guerra de independencia, la bandera y los símbolos patrios, los atributos del pueblo colombiano y americano, la imagen del cóndor y la grandiosidad de la naturaleza nacional y americana. Entre sus poesías más conocidas se encuentra , La Bandera colombiana, Al Tequendama, Los Colonos, Boyacá, A Tunja, Colón y Bolívar y Noche Suprema. En 1850, Ortiz publicó la primera antología de poesías románticas, que llamó La Guirnalda, editada en dos tomos; además, compiló y editó el Parnaso Granadino, Colección escojida de poesías nacionales..

José Eusebio Caro (Ocaña, 1817 — Santa Marta, 1853), ideólogo y fundador del Partido Conservador Colombiano. Sus poesías fueron publicadas por Juan Francisco Ortiz en 1857. Esta colección de 86 poesías, se organizan temáticamente en  «El Huérfano», «El Pobre», «El Amigo», «El Granadino», «El desterrado», «El Amante», «El Padre», y «Lara».

 Rafael Pombo (Bogotá, 1833 – 1912). Uno de los poetas románticos más importantes del continente, Pombo es autor de una amplísima colección poética y de fábulas y cuentos para niños, que fue recogida en 1916 en edición oficial de 2 tomos bajo la dirección de don Antonio Gómez Restrepo, en cumplimiento de una Ley de 1912 expedida por el Congreso para honrar su memoria.

Gregorio Gutiérrez González (1826 – 1872), Abogado y poeta antioqueño,sus poesías han sido traducidas a varios idiomas y son una expresión de absolutismo y de romanticismo. Su poema más reputado es Memoria científica sobre el cultivo del Maíz en Antioquia, publicado en 1860. Otras obras poéticas son Aures, ¿Por qué no bailo?, A Julia y A los Estados Unidos de Colombia.

 Julio Flórez (Chiquinquirá, 1867 – Usiacurí, 1923), uno de los últimos poetas del Romanticismo en Colombia. En 1945, el Ministerio de Educación publicó una colección de 84 de sus poesías más representativas, organizadas en los grupos Ego Sum, Mujer, Gotas de Ajenjo, Madre, Rosal Divino y Orbe.

José Asunción Silva (Bogotá, 1865- 1896) Poeta, principal exponente del modernismo en Colombia. Su obra lírica comprende cerca de 150 poemas, organizados en cuatro conjuntos. El principal de ellos, por su calidad y coherencia, es El libro de versos (con 30 poesías), el único que Silva organizó y dejó listo para publicar; los otros son Intimidades (31 poesías),  Poesías varias (43 poesías)  y Gotas amargas (17 poesías), reconstruido por sus amigos. Todas estas colecciones están disponibles en BiblioColombia.

Guillermo Valencia (Popayán, 1873 – 1943) Político y poeta, pionero del modernismo en Colombia, creador de una poesía pictórica con influencias del romanticismo y del parnasianismo. Su obra poética incluye el libro Ritos (1899), Sus principales poemas son Job, Parábola del Pozo, Canto a San Francisco de Asís, y sus versiones de la poesía china que aparecieron en el libro titulado Catay. Sus obras no son de dominio público.

Julio Arboleda Pombo (Timbiquí, Cauca, 1817 – Sierra de Berruecos, Nariño, 1862) Abogado, militar, periodista, dramaturgo y estadista colombiano, elegido Presidente de la Confederación Granadina  en 1861.  Arboleda pertenece a la corriente del Romanticismo, que canta al amor y a la naturaleza. Su poema Gonzalo de Oyón es el más notable ensayo de la poesía americana en la narración épica. Son conocidos sus poemas Sonetos A la mudanza de la fortuna; Infeliz del que busca; Resto del bosque inmemorial

Candelario Obeso  (Mompox, 1849 – Bogotá, 1884) con sus escasos 35 años de vida, desarrollo una notable actividad como poeta, novelista, dramaturgo y catedrático. Es el iniciador de la corriente llamada «Poesía Negra» en Colombia. Su obra poética más conocida es Cantos Populares de mi tierra, en la cual vertió toda la ternura, el lenguaje, la sensibilidad, la picardía, y el lirismo de su raza.

José Eustasio Rivera (1888 –1928)  Conocido internacionalmente por su novela La vorágine, considerada un clásico de la literatura hispanoamericana, también destacado por su obra poética que incluye famosos poemas como  Tierra de promisión, La Grulla.

TEATRO

Las artes dramáticas constituyen una de las manifestaciones culturales más antiguas de la humanidad, y su práctica fue generalizada en los diferentes continentes y conformaciones étnicas. Su origen estuvo asociado a las prácticas culturales autóctonas (canto, danza) y a los rituales religiosos, de los cuales se fue independizando y paulatinamente ampliando sus temáticas para servir de forma de exaltación de los grandes acontecimientos y de los héroes en las diferentes culturas.

Grecia es la cuna del teatro como arte dramático, en donde floreció en sus más importantes manifestaciones, con exponentes que son clásicos universales como Esquilo, Sófocles y Eurípides en tragedia, y  Aristófanes y Menandro en la Comedia.

El Siglo de Oro Español (1500/1600) tuvo una notable influencia sobre el posterior desarrollo de la literatura de Hispanoamérica y Colombia, a través de los grandes maestros de esta época como Miguel de Cervantes Saavedra, Félix Lope de Vega y sus discípulos Guillén de Castro, Juan Ruiz de Alarcón, Luis Vélez de Guevara, Antonio Mira de Amezcua y Tirso de Molina, y en su etapa final con Pedro Calderón de la Barca.

En nuestro país, las artes dramáticas surgen a la par de la gesta libertadora y la consolidación de la república soberana, con autores muchas veces ligados al proceso revolucionario y a la dirección del Estado. La temática inicial del teatro colombiano aborda las diferentes fases históricas del dominio español, el estudio del tema indigenista desde una perspectiva histórica y la guerra de independencia.

Don José Fernández Madrid (Cartagena, 1789 – Londres, 1830), prócer de la independencia y quien ocupó en dos ocasiones la presidencia (1814/15; 1816), durante el período de la llamada Patria Boba, escribió dos obras que se pueden considerar como drama histórico y fundadoras del teatro colombiano ; Atala y Guatimoc. En Atala, Fernández Madrid retoma la historia romántica en favor de la defensa y la restauración del ideal cristiano de la obra del mismo nombre de Chateaubriand (1801), pero la convierte en una tragedia de proyecciones similares a las obras de los griegos. La historia, ambientada en los últimos años de la colonia, esboza la relación entre Atala y Chactas, jóvenes mestizos que enfrentan sus sentimientos a los desafíos de familias rivales, las diferencias religiosas y el dominio castellano. Guatimoc es un drama de tipo histórico que recupera los últimos días del emperador azteca Cuauhtémoc y su muerte a manos de Hernán Cortés. Atala fue escrita entre 1817 y 1819, y se estrenó en Cuba en 1822, mientras que Guatimoc se ubica hacia 1824, antes del viaje del escritor a Londres, en donde moriría mientras fungía como diplomático. Ambas obras le fue reconocida en vida, junto a sus colecciones de poemas.

Luis Vargas Tejada,(Bogotá, 1802-1829) uno de los más grandes literatos en la primera década de la independencia y quien murió prematuramente a los 27 años huyendo de la espada amiga de Bolívar tras la fracasada conspiración de septiembre de 1828, continuó la obra indigenista de Fernández Madrid a través de los dramas Sugamuxi (1826) y Doraminta (su última obra, escrita en 1828 en la Cueva de la Resignación pocos meses antes de morir). Sugamuxi, narra los sucesos de la llegada de los conquistadores al territorio de los muiscas. Los indígenas son comandados por el cacique Tundama y, tras el incendio del Templo del Sol por parte de los mismos sacerdotes muiscas, son derrotados y la final, el pueblo de Suamox es destruido por los conquistadores. En junio de 1828 se estrena en Bogotá con mucho éxito el sainete Las Convulsiones, que satiriza las clases sociales y costumbres de la época. De sus primeros tiempos, se encuentra la comedia en verso El parnaso transferido. También escribió el monólogo teatral La madre de Pausanias y otras obras, enmarcadas dentro del drama neoclásico y de temática indigenista, cuyos textos están perdidos, como Aquimín -varias veces representado- Saquesagipa y Witiquindo.

Esta temática indigenista fue continuada por otros escritores en sus obras dramáticas. Sulma (1832) escrita por José Joaquín Ortiz,  bajo la perspectiva de la superioridad de la moral cristiana, condenando el fanatismo indígena, negando así la presencia de «ese» otro, componente étnico que molesta a la elite criolla y al que se le atribuyen, en parte, el atraso y los males que padece la nación en ciernes. El indio será entonces el chivo expiatorio, enemigo interno, hacia el que se vuelcan los sentimientos que nos seguirán acompañando en el proceso de construcción de la nación hasta el día de hoy. Nemequene, del Presidente  Santiago Pérez (Bogotá 1830 – Paris, 1900), trata sobre la vida y muerte en batalla de uno de los últimos zipas de los muiscas.  Raza Vencida, de Maximiliano Grillo (1868-1949) retorna al tema del final del imperio Muisca, durante la llegada de Gonzalo Jiménez de Quesada al llamado Valle de los Alcázares. La Gaitana (1937), de Oswaldo Díaz Díaz (1910-1967). Poema dramático sobre esta icónica cacica y la resistencia indígena a la conquista española  en el sur del país. Sagipa del médico santandereano Roberto Serpa Flórez (1925) Tragedia sobre el final de los chibchas, en tiempo de la llegada del adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada a la Sabana de Bogotá, y la muerte de Sagipa o Saquesagipa el quinto y último Zipa de Bogotá, torturado por Jiménez de Quesada para que informara sobre la ubicación de los tesoros indígenas.

En honor a Policarpa Salavarrieta, la heroína más icónica de nuestra independencia, se escribieron múltiples obras dramáticas, poéticas y narrativas dentro y fuera del país. La Pola (1820), del pintor José Dominguez Roche, escrita por encargo del General Santander; su puesta en escena en 1826 tuvo un gran impacto debido a que los espectadores, consternados por el fusilamiento de la heroína, protestaron y cambiaron el final de la historia. Este episodio está ilustrado en el artículo El día que la Pola fue salvada de morir, de Oscar Guarín Martínez.  La Pola Drama historico (1869) de Jenaro Santiago Tanco La Pola Drama histórico en cinco actos (1871) de Medardo Rivas; Policarpa Drama histórico en siete actos de Roberto Rojas Gomez (1926).  En 1944 se lleva a escena la tragedia histórica titulada Pola Salavarrieta escrita por la poeta  uruguaya Sarah Bollo.

A José María Samper Agudelo (1828 – 1888)  se deben varias obras de teatro, como Las conspiraciones de septiembre, El hijo del pueblo, Dios corrige, no mata; Un alcalde a la antigua y dos primos a la moderna, Los aguinaldos y Percances de un empleo.

El escritor cartagenero José Manuel Royo (1805 -1891) es autor de dos  comedias El médico pedante y El romántico, y de 8 dramas : Amor y odio, Joaquín Murat, El marqués de Castro, Eudoro Cleón, La pirámide de Fabio, El cristiano errante, El doncel y Balboa o el descubridor del Istmo

 Santiago Pérez Manosalva (Bogotá, 1830 – París, 1900). Abogado, educador periodista, escritor, legislador y presidente de la república (1874-1876), escribió dos dramas de corte europeista : Jacobo Molay, y  El castillo de Berkley; y el drama indigenista Nemequene, sobre los últimos zipas de los muiscas.

Manuel María Madiedo (Cartagena, 1815 – Bogotá. 1888) Abogado, escritor y publicista, autor de las comedias Tres diablos sueltos, Una mujer de las que no se usan y El Doctor Berenjena; de los dramas La niña de la posada y Una Idea-Abismo; y de las tragedias Lucrecia o Roma Libre, La caída de los Tarquinos y Coriolano.

Felipe Pérez Manosalva (1836 – 1891) hermano de Santiago Pérez, escribió varias novelas de tipo histórico sobre el Perú y el imperio inca,( Huayna Cápac, Atahualpa o Tupac Amaru), y la obra de teatro Gonzalo Pizarro (1858), drama cuyo escenario es la conquista de Perú, entre 1544 y 1548 y los conflictos entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro

Carlos Arturo Torres (1867 – 1911) Intelectual, periodista y escritor boyacense, escribió la obra Lope de Aguirre (1891) poema dramático en tres actos sobre este sangriento  conquistador español, uno de los más obsesivos en la búsqueda del mítico Dorado, quien decide romper con la obediencia debida al monarca español y declararse traidor, peregrino, rebelde y en definitiva un hombre libre.

El escritor caldense Max Grillo (1868 – 1949), es autor de dos obras teatrales : Raza vencida (1905) y Vida nueva (1908).

El periodista y escritor costumbrista Juan Francisco Ortiz (1808 – 1875) escribió la obra  Córdova – Escena Trágica  en forma de poema heroico dramatizado sobre la muerte del prócer de la independencia de Colombia y Perú José María Cordova, uno de los próceres que se levantó contra Bolívar cuando este asumió poderes dictatoriales.

Por último es importante mencionar al escritor santandereano  Constancio Franco Vargas (1842 – 1917) creador de una de las más amplias colecciones teatrales, que incluye los dramas históricos :  Los Próceres ó el 20 de Julio de 1810; Sámano, ó la Independencia de la Nueva Granada; Los Comuneros; El Visitador Montaño; Boves, y las obras teatrales El Demonio-alcohol; El Paraíso Perdido,. Angelito ó las Alcaldadas; Los Pecados Capitales, La expiación de una mujer; Don Nicomedes; A telón descubierto, y Contra soberbia humildad.

 Sobre la historia del teatro en nuestro país, es necesario resaltar el completo estudio “Teatro y violencia en dos siglos de historia de Colombia” en 3 tomos, realizada por el dramaturgo y director teatral Carlos José Reyes, ganador del estímulo de Investigación Teatral del Ministerio de Cultura.

El primer tomo comprendió un panorama de más de tres siglos, desde los tiempos del descubrimiento y conquista hasta el inicio de la Guerra de los Mil Días, a finales del siglo XIX.

El segundo tomo,  comprende un periodo que se inicia con el siglo XX, analizando un grupo de obras escritas sobre la etapa final de la Guerra de Los Mil Días, hasta la época de la violencia que estalló en diversas regiones del país tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948

El Tercer Tomo enfatiza sobre los distintos hechos de confrontación y violencia que se extendieron sobre gran parte del país hacia mediados del siglo XX y que han dado lugar a estudios, escritos y obras artísticas de distinta naturaleza, así como una gran cantidad de obras de teatro que han buscado desarrollar la dramaturgia nacional transformando de manera sustancial la concepción del teatro, así como las formas de actuación y la puesta en escena.

Inicialmente, BiblioCol ofrece una colección bibliográfica de 13 obras de teatro de dominio público   VER CATALOGO DE TEATRO

Invitamos a nuestros lectores que posean obras dramáticas colombianas de dominio público, a enviarlas para su publicación y la ampliación del patrimonio literario disponible para todos los colombianos

LITERATURA E HISTORIA

Conocer la historia es un requisito para la construcción de la identidad, el sentido de pertenencia y el compromiso con nuestro país. Es la base para que podamos unir esfuerzos y definir un destino común, un proyecto de nación alrededor de principios, valores y formas de convivencia y anhelos de progreso y bienestar compartidos. Esto adquiere relevancia   cuando estamos ad portas de   celebrar 200 años de  independencia nacional,  y de iniciar una tercera centuria, que todos esperamos sea en condiciones de paz.

Bajo esta perspectiva, la literatura nos ofrece una atractiva posibilidad : conocer nuestra historia, a través de las obras de los escritores en los diferentes géneros. Esto complementa y enriquece el estudio tradicional que hacemos en los textos de historia, pero simultáneamente nos permite consolidad la cultura literaria y desarrollar las competencias comunicativas de las personas, a partir de la lectura –acceso al conocimiento y la cultura- y de la escritura – ampliación de este conocimiento y del patrimonio literario.

En Colombia, los aconteceres del descubrimiento, la colonia, la gesta de independencia y nuestra vida en dos siglos como nación soberana está ampliamente documentados por nuestros escritores en diferentes obras de ensayo, poesía, novela y cuento y teatro.

Literatura en la conquista y la colonia

El inicio de la literatura en nuestro territorio, se debe a los españoles llegados al nuevo continente en los procesos de conquista y colonización, o a nativos neogranadinos con ascendientes españoles (los llamados “criollos”).

Las primeras obras literarias que se conocen en el país datan del Siglo XVI, y fueron escritas por Gonzalo Jiménez de Quesada, explorador y conquistador español del territorio colombiano entre 1536 y 1572. Se considera que la mayor parte de sus obras se perdieron (No se conserva su Relación de la conquista del Nuevo Reino de Granada, el libro titulado Ratos de Suesca, el llamado Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino, donde al parecer abordaba una historia completa de los primeros años de colonización). De Jiménez de Quesada se conocen 3 obras ; La primera son las  Indicaciones para el buen gobierno (1549), que contienen las recomendaciones jurídicas presentadas al emperador Carlos V para mejorar la forma de gobierno del Nuevo Reino de Granada; La segunda, Memoria del Mariscal Ximénez de Quesada” o “Relación del adelantado don Gonzalo Ximénez de Quesada sobre los conquistadores y encomenderos” (1566), en el cual el letrado, en su capacidad de mariscal de la Corona, registra los nombres y las hazañas de los soldados que lo acompañaron en la expedición de descubrimiento y conquista del Nuevo Reino; La tercera obra es  El Antijovio –Apuntamientos y anotaciones sobre la historia de Paulo Jovio (1567), en la que se refutan las críticas hechas por el escritor italiano Paulo Jovio en Historias de su tiempo sobre las actividades militares y diplomáticas realizadas por los españoles en Italia y en Europa al inicio del siglo XVI, y que no tiene ninguna pertinencia para la historia colombiana.

Una obra de gran interés para nuestra historia es Elegías de Varones Ilustres de Indias (1592), del explorador, militar y sacerdote español. Juan de Castellanos (Sevilla; 1522 – Tunja, 1607), Poema Heroico que relata el proceso de colonización y fundación de ciudades en el Caribe y los territorios hoy ocupados por Colombia y Venezuela, con vívidas descripciones de las culturas indígenas y la naturaleza americana. El poema se divide en cuatro partes: La primera narra los viajes de Cristóbal Colón, la conquista de las Antillas y la exploración del Orinoco; La segunda habla sobre Venezuela, el Cabo de la Vela y Santa Marta; La tercera, sobre Cartagena de Indias, Popayán y Antioquia, y la cuarta constituye la Historia del Reino de Nueva Granada, sobre la conquista de Bogotá, Tunja y pueblos aledaños.

Castellanos escribió otros dos poemas Discurso del capitán Francisco Drake (Castellanos se encontraba escribiendo la Historia de Cartagena cuando el corsario inglés Francis Drake ocupó la ciudad en abril de 1586),  y San Diego de Alcalá

La obra más emblemática de nuestras letras coloniales es El Carnero (Conquista y descubrimiento del nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del Mar Océano), compuesta entre 1636/38 por el  cronista santafereño  Juan Rodríguez Freyle (1566-1642). El Carnero es escrita a la usanza de las crónicas reales de esta época, y relata los hechos de la Conquista y la primera sociedad colonial en nuestro territorio. El conjunto de la obra refleja una sociedad precaria e inestable, surgida de la imposición de un dominio militar. La sociedad de la segunda mitad del siglo XVI padecía de los quebrantos de poderes no afirmados, siempre en conflicto, tanto entre los mismos conquistadores, como entre ellos y el Estado español. La primera versión conocida en el país se debe a Felipe Pérez en 1859.

El franciscano Pedro de Aguado  (Valdemoro, España, 1538 – 1609), provincial del convento de Santa Fe, escribió Testimonio historial, dedicado a Felipe II, y dividido en cuatro partes: Conquista y población de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada (1581) e Historia de Venezuela (1582). Estas obras servirían más tarde como fuentes para fray Pedro Simón (1574-1628) en sus Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales y a José de Oviedo y Baños (1671-1738) para su Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela.

Literatura de la Independencia

La literatura jugó un papel importante en la etapa previa y durante la guerra por la independencia nacional. Varios documentos son claves en este proceso

La traducción y publicación clandestina (1793) por parte de Antonio Nariño de la «Declaración de los Derechos del Hombre» (La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano  aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789, es uno de los documentos fundamentales de la Revolución francesa, al definir los derechos personales y colectivos como universales. Influenciada por la doctrina de los derechos naturales, los derechos del Hombre se entienden como universales). La circulación de este documento  había sido prohibida en las colonias españolas por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición; este hecho llevó a Nariño a prisión en Santa Fe (29 de agosto de 1794) y posteriormente al exilio como reo de alta traición (30 de octubre de 1795).

El Memorial de Agravios, (su nombre exacto «Representación del muy ilustre cabildo de Santafé a la Suprema Junta Central de España»), elaborado por Camilo Torres el 20 de noviembre de 1809,.es un documento analítico y crítico, en el que Torres hace énfasis en que los territorios del Nuevo Mundo están poblados por españoles americanos (criollos) que en nada se diferencian de los españoles peninsulares. (El texto también es observado como un documento que aportó a la concientización por parte de los «criollos» de que eran parte de España, pero también de un nuevo mundo, siendo en conclusión un aporte a la identidad neogranadina que estaba en apogeo en la época). Durante las últimas décadas del siglo XVIII se generalizó la práctica de impedir a los criollos  acceder a altos cargos públicos, lo que generó descontento, pues estos se consideraban tan españoles como los que habían nacido y residían en la España peninsular. El propio Camilo Torres era hijo de un hidalgo español casado con una aristócrata payanesa.

Producción escrita de Bolívar. Se calcula en más de 10.000 las obras escritas por el libertador desde la primera que se conoce -del 14 de octubre de 1795- hasta la carta que le escribió al General justo Briceño el 11 de diciembre de 1830, seis días antes de morir. La Comisión Editora de los Escritos del Libertador, de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, ha compilado 11 volúmenes con 2.290 documentos, que llegan sólo al 31 de octubre de 1817.

El Manifiesto de Cartagena  (15 de diciembre de 1812)  escrito por Simón Bolívar en el marco de la Independencia de Colombia y de Venezuela, explica con detalle y precisión las causas políticas, económicas, sociales y naturales de la caída de la Primera República venezolana, entre las cuales destacan: El uso del sistema federal, que Bolívar considera débil para la época; la mala administración de las rentas públicas: el terremoto de Caracas de 1812; la imposibilidad de establecer un ejército permanente y la influencia contraria de la iglesia católica. Este fue el primer gran documento de Bolívar en la fase de independencia.

En la Carta de Jamaica, escrita en Kingston el 6 de septiembre de 1815 (su título era Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta Isla), Bolívar  expone las razones que provocaron la caída de la segunda república en el contexto de la independencia de Venezuela. Con ella Bolívar  pretendía atraer a Gran Bretaña y al resto de potencias europeas hacia la causa de los patriotas independentistas americanos

En el Discurso de Angostura, pronunciado el 15 de febrero de 1819, en San Tomé de Angostura (hoy Ciudad Bolívar) con motivo de la instalación del segundo Congreso Constituyente de la República de Venezuela, Bolívar,  como jefe de Estado, fija su posición sobre aspectos importantes de la organización de la naciente república: analiza la realidad de su tiempo, señalando la conveniencia de que las instituciones que surgieran en América a raíz de la Independencia, debían responder a las necesidades y posibilidades de estas sociedades, sin copiar modelos de tierras extrañas. Aunque Bolívar reconoce lo favorable del régimen federal para otras naciones; sostiene que en el caso de Venezuela es preferible un Centralismo, basado en un Poder Público distribuido en las clásicas ramas: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; resaltando la fortaleza del Ejecutivo.

De Bolívar son famosos el Juramento del Monte Sacro (Roma, 15 de agosto de 1805) cuando tenía 22 años, donde expresa románticamente su  compromiso personal con la causa independentista hispanoamericana, y la Última proclama (Quinta de San Pedro Alejandrino, Santa Marta,10 de diciembre de 1830), con su famoso final “¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

Cien documentos organizados cronológicamente que recogen el ideario de Bolívar se encuentran recopilados en la obra Bolívar como político y reformador social, disponible en BiblioColombia.

En cuanto a la historia de nuestro país, el Historiador antioqueño  José Manuel  Restrepo (Envigado, 1781 – Bogotá, 1863), es autor de dos importantes  obras;:la Historia de la Nueva Granada (1852) y la Historia de la Revolución de la República de Colombia en la América Meridional (1858). Por su parte, José María Groot, periodista, escritor e historiador (Bogotá (1800 – 1878) tras más de una década de investigación, publicó la Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada (1869), considerado el primer gran trabajo historiográfico sobre la Colonia y la Independencia del país. También escribió las crónicas sobre la  Fundación de Bogotá y sobre la Batalla de Boyacá

En cuanto a la Biografía, una de las fuentes más importantes para conocer la historia y sus protagonistas, sobresalen las obras de la ilustre escritora e historiadora Soledad Acosta de Samper, a quien se deben las biografías del General Joaquín Paris (1883), de su padre, el General Joaquín Acosta (1901) y del General  Antonio Nariño (1913). Doña Soledad también es  autora de Biografías de hombres ilustres o notables relativas a la época del descubrimiento, conquista y colonización de la parte de América denominada actualmente EE.UU. de Colombia (1883), el Catecismo de historia de Colombia (1908) y de la Biblioteca histórica (1909). Con carácter de novela histórica, escribió José Antonio Galán. Episodios de la guerra de los comuneros (1870); Los piratas en Cartagena: crónicas histórico novelescas (1886); Aventuras de un español entre los indios de las Antillas (1905); Españoles en América. Episodios histórico-novelescos. Un hidalgo conquistador (1907) y el ensayo investigativo  La mujer en la sociedad moderna (1895), y en Lecturas para el hogar (1905-1906), que definió como «Revista literaria, histórica e instructiva» se encuentran varios de sus artículos de historia y biografías de ilustres hispanoamericanos.

A Doña Josefa Acevedo también se deben varias biografías de personajes ilustres de la época ; La Biografía de su padre, el militar y político José Acevedo y Gómez (1773 – 1817), célebre por su participación en la emancipación americana, con notable protagonismo en los sucesos del 20 de julio de 1810 (fue quien hizo el acta de la independencia): la Biografía de su hermano, el General José Acevedo Tejada; la del doctor Vicente Azuero; la de su primo hermano, el escritor Luis Vargas Tejada; y una autobiografía redactada poco antes de su muerte

José María Samper (1828 – 1888) Periodista, político y escritor, autor de El Libertador Simón Bolívar, publicada en Buenos Aires en 1884, una biografía/apología en la cual incluye 5 poemas heroicos sobre sus gestas. Además, El sitio de Cartagena de 1885, en el cual relata día a día, como testigo presencial, los acontecimientos que se desarrollaron en Cartagena del 1.° de Marzo al 31 de Mayo de 1885; la obra de teatro Las conspiraciones de septiembre, sobre este hecho histórico de 1828. En sus obras de teatro El hijo del pueblo, Dios corrige, no mata, Un alcalde a la antigua y dos primos a la moderna, Los aguinaldos y Percances de un empleo, Samper describe las costumbres políticas y el carácter de los neogranadinos. Se destacan además los ensayos : Apuntamientos para la historia política y social de Nueva Granada, (1853); Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las repúblicas colombianas ; Los partidos políticos en Colombia: estudio histórico político (1869) y los estudios biográficos (Galería nacional de hombres ilustres (1879). Samper tiene el mérito de haber presentado el proyecto de Ley 66 de 1867 que creó la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia.

Un escritor olvidado pero con una prolífica obra literaria, y en especial histórica, es el santandereano Constancio Franco Vargas (1842 – 1917), periodista y escritor, quien escribió de economía – Teoría sobre los impuestos, Economía Política,  Moral Filosófica; Nociones de Moral para el uso de las Escuelas primarias. En Historia, son varios sus escritos: Apuntamientos para la Historia. La guerra de 1876 y 1877 (1887), Reseña biográfica de los próceres y mártires de la Independencia de Colombia (1880); Compendio de la historia de la revolución de Colombia, para el uso de las Escuelas (1881), A la memoria de Simón Bolívar (1883);  Víctor Hugo (1885); Leyendas Históricas.- Boves, Morillo, Latorre (1885). Franco también escribió las novelas históricas Policarpa y Galán el Comunero (1891)

José Joaquín Borda (Tunja, 1835- Bogotá, 1878) Político, periodista, y escritor, escribió una obra historiográfica  que incluye: Historia de Colombia contada a los niños, Historia de la Compañía de Jesús en la Nueva Granada, La República en Colombia: segunda parte de la historia de Colombia; y Compendio de la historia de Colombia.

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